Del libro "Morning Talks" ("Charlas Matinales"), escrito por Sant Kirpal Singh

1967-10-17, Delhi, Sawan Ashram
Charla disponible como mp3 (6Mb, duración 12:46) audio.sant-kirpal-singh.org


Ayer les expliqué que produce fruto dar algo desinteresadamente por caridad y por lo cual no se espera una recompensa. Simplemente den a quienes estén realmente necesita­dos, pobres, desnudos, a quienes no tengan a nadie que los ayude, a los huérfanos, a las viudas y a otros que son demasia­do tímidos como para pedir y, que a veces cometen suicidio por falta de subsistencia. Se debería ayudar a esa gente. Por lo general se da algo de dinero a instituciones especiales, donde ese dinero es recaudado por miles y millones, pero ese dinero no le sirve a nadie, simplemente es colectado. ¿Por qué deberíamos contribuir a aumentarlo? Deberíamos, en cambio, compartir nuestro dinero con quie­nes realmente lo necesitan, con quienes no tengan quien les ayude. Esa gente tiene vergüenza de pedir ayu­da. Sin embargo, van a ver a algún hombre espiritual. Por eso, lo mejor es dárselo a El para que lo pueda distri­buir entre las personas indicadas.

Dar dinero por caridad es como acumular dinero para sí mismo. El décimo Gurú dice: "Yo me alegro cuando doy de comer algo a otros. Sus bocas son mi boca; sus estómagos son mi estómago. Aprecio úni­camente esta clase de servicio, no todos los demás servicios"

Donde hay mucho dinero, siempre hay disputas. Por ejemplo cuando son donados millones de dólares a una institución y ésta institución dispone de mucho dinero donado. A la hora de compartir se presentan problemas. Además, existen personas que sólo viven de la caridad de quienes se han gana­do el dinero honestamente. ¿Cuál es el resultado? La gente que sin una buena razón, vive únicamente de la caridad de otros, convierte ese dinero ganado honestamente por otros, en un veneno para sí misma, un veneno cubierto de azúcar y por tanto, tendrá el mismo efecto sobre esa clase de gente. Esas personas deben dedicar mucho más tiempo a sus medita­ciones, porque en caso contrario tendrán que sufrir. Imagínense que alguien les da a ustedes un vaso de agua o de leche. Se los da con una cierta intención, de querer alguna compensación por recibir de ustedes. Es posible que ustedes no tengan dinero en el banco, sin embargo, eso será cargado a la cuenta de deudas de ustedes. Es siempre preferible ganarse la vida honestamente, con el sudor de la frente y compartir con los demás. No por obtener algo a cambio, sino por compartir, pensando que todos somos hermanos y hermanas en Dios.Todas las almas son los hijos de Dios. El reside en cada corazón. Desde este punto de vista, deberían compartir con quienes están realmente necesitados. ¿Qué sentido tendría dar nuestro dinero a organizaciones establecidas que ya tienen mi­llones? La caridad da realmente fruto si compartimos con quienes estén necesitados, desnudos y pobres. Todos los Maestros han dicho esto, y éste es el punto de vista de las personas verdaderamente espirituales.

Por lo general simplemente es nuestra costumbre de contribuir, pero no vemos cómo se gasta ese dinero. Si el dinero se ha gastado únicamente para el sustento de una o dos personas, o de una sola, bueno, tendrá que pagar por ello. Dios no será indulgente con él. Vivan de sus propias ganancias y compartan con otros. Sólo la gente que vive así, puede progresar en el Sendero del camino espiritual. Esto engrandece al propio ser. Cuando uno da, siente internamente una pequeña alegría. Esto es natural y es la compensación principal que uno ob­tiene en ese mismo instante. Por lo general todos deberían compartir con quienes estén necesitados, con los desnudos, con los pobres, con los huérfanos y las viudas, y con todos aquellos que no tienen a nadie que cuide de ellos. Tambien uno debe dar algo para el objetivo noble de que puedan reunirse y encontrar el camino de regreso a Dios. Esa clase de caridad la recomiendan todos los Santos. Primero deberíamos ganar nuestro sustento honestamente, después compartir con otros, aunque sea con una mínima parte.

Ayer les dije que los sabios de antaño prescribían por lo general la décima parte o daban el diezmo, desde los tiempos de Abraham. Si a ustedes no les es posible dar la décima parte, entonces den un vigésimo, la trigésima parte, una cuadragésima parte, aunque sólo fuese un centavo, pero éste debe darse con el sincero propósito de compartirlo con otros. Una persona que gana un dólar al mes y de ello da una décima parte, bueno, esto tiene más valor que los cinco dólares de una persona que gana miles de dólares al mes. Los Maestros no tienen inconveniente en que alguien de solamente un centavo. Ellos nunca rechazan; y para esto hay una contabilidad que se revisa regularmente. El Maestro vive de Sus propias ganancias.

Hay quienes convierten esto en un negocio. Es una buena forma de ganar dinero, se los digo. Uno puede obtener cientos y miles sin esfuerzo alguno. Pero quien hace esto, tiene que sufrir las consecuencias de esta acción y entonces llorará. Por lo tanto, la primera regla general consiste en que uno tiene que ganar el sustento honestamente, de tal manera que no se explote a nadie o que se apodere indebidamente de lo ajeno. Dios ve lo que uno está haciendo. La segunda regla consiste en que se debe usar sus propias ganancias para mantenerse a sí mismo y para compartir con otros.

Por ejemplo, si están remando en un bote y éste tiene un agujero por el cual entra agua, inundándola, ¿qué harán? Echarán afuera el agua con sus manos, de lo contrario, se hundirán ahogándose. Si han obtenido más dinero del que realmente necesitan para subsistir, compártanlo con los demás, de lo contrario estarán perdidos. Sin embargo, al dar ustedes a otros, no pierden. Al final del año verán que este dinero que dieron o compartieron, ha sido ahorrado en alguna forma, ya sea habiéndose liberado de enfermedades o de otros problemas que se presentan generalmente y que implican gastos.

Nuestro Maestro acostumbraba decir: "Muy bien, den una décima parte y al final del año simplemente hagan cuentas. El mismo dinero que ustedes hayan dado, ha sido ahorrado al no sufrir enfermedades". ¿Han comprendido? Ante todo, ganen su subsistencia de una manera honesta. Por eso no acepto nada de quienes no son iniciados, por que ¿quién sabe cómo hayan ganado ese dinero? Aun cuando los iniciados obtienen su dinero de manera deshonesta esto trae también consecuencias. Pero sea como sea, en lo alto está el Poder Maestro para rendir cuentas de ello. Lo más importante es que ustedes ganen su dinero por medios honestos, después compartan tanto como les sea posible para el bien de otros. Eso engrandecerá el propio ser de ustedes. Empiecen con lo mínimo, después den más y más, hasta dar también su propio ser (a Dios naturalmente). Baba Sawan Singh tenía la costumbre de dar la décima parte de sus in­gresos, pero después enviaba todas Sus ganancias a Su Maestro, quien le regresaba algo para el sustento de Su familia. Esto es lo supremo. Tenemos que entregar nuestro cuerpo, nuestro intelecto, nuestra alma, nuestro todo. Mientras más se despojen de todas estas cosas, más libres están y están más cerca de Dios.

Hay ejemplos de ello en las vidas de los Santos. Cristo dijo: "Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios". Además dijo: "Da todo al pobre y después ven a Mí". Tenemos que dar poco a poco, hasta darlo todo a Dios.

Los Maestros dan enseñanzas para todas las fases de la vida. Vivan primero una vida ética, compartan con los demás y después dediquen tiempo para poner a su alma en contacto con el Poder que está dentro de ustedes y que lo compenetra todo; y sean ustedes también de utilidad para otros. Puede considerarse un ser humano, en el verdadero sentido de la palabra, únicamente a quien sea útil a otros. Hasta los animales mismos son de utilidad para sus crías. Si ustedes actúan igual que ellos, entonces, ¿cuál es la diferencia entre el ser humano y un animal? Estas cosas deben ser tomadas en cuenta y deben actuar conforme a ellas. Notarán un cambio en ustedes.

Según las costumbres de Oriente, el primer día del mes, la gente se pregunta lo que les traerá el mes venidero. Por eso los Maestros le dicen a la gente que recorran solamente el camino correcto. El mensaje especial para este mes es: "lo que uno ha sembrado, eso tiene que sacarlo de la tierra", o "lo que siembres, eso cosecharás.”

Si se les ha presentado algún problema, eso es una reacción del pasado. Empiecen ahora a seguir el camino correcto. Lo que están sufriendo es el resultado de sus propias acciones. Deben corregir su forma de actuar y recordar a Dios. Esta es la enseñanza. Los Maestros nunca se apegan a cosas exteriores, por ejemplo no les interesa cuál mes empieza o cuál termina. Ellos dicen que pongamos nuestra alma en contacto con Dios o permanezcamos en el dulce recuerdo de Dios y, que también consideremos en qué forma estamos obteniendo nuestro sustento.

Todo lo que sufran ustedes es una reacción del pasado. Los Maestros dicen: "Pues bien, tienes que pagar por lo que has hecho, pero en el futuro debes cambiar tu manera de vivir". Esta es la forma en que se dan las enseñanzas, en la forma que le conviene más a la gente. Entonces, lo que les es dado para este mes, es lo que han sembrado, lo están cosechando. Si quieren tener mejores perspectivas, una cosecha mejor, entonces siembren de otra manera. Los que dan, reciben. Aquellos que no dan, ¿cómo pueden recibir algo? Si damos a la naturaleza, entonces la naturaleza nos lo restituye en alguna otra forma, eso es todo. Lo otro es: empiecen desde hoy y recuerden a Dios. El mes en cual hagan esto, sembrará las semillas de la prosperidad y dará una buena cosecha para ustedes.La gente está unicamente apegada a las cosas externas, no siguen las enseñanzas o los mensajes de los Maestros, los cuales conciernen el objetivo de mantener la vida y el futuro bienestar físicamente y espiritualmente.