Del libro "Jap Ji; El mensaje de Guru Nanak" escrito por Sant Kirpal Singh


Las tres restricciones tienen que ejercerse adiestrando a las facultades para que trabajen en lo interno. La primera restricción, la del habla, consiste en hacer Simran o la repetición constante del nom­bre del Señor con la lengua del pensamiento. No se necesita la mediación de labios o lengua. Ya se ha tratado del uso y efecto del Simran en las páginas precedentes.

La segunda restricción se refiere a la facultad de la vista, y consiste en contemplar las imágenes espirituales en el interior que se nos presentan en todo su esplendor.

Si se practica la concentración o Tratak en algún punto negro externo, con los ojos fijos en él, la propia luz interna se proyecta hacia afuera. Por consiguiente, cuando se fija su mirada interna justo en el punto central, entre y detrás de las cejas (el asiento del alma en el ser humano), se ve internamente su propia luz. Esa luz ya está ahí, sólo hay que fijar en ella la mirada interna. Donde está el Verbo (el Sagrado Naam) hay luz; donde hay sonido hay resplendor, porque los dos son insepa­rables. Los modelos de luz son de cinco clases que corresponden a los cinco tipos diferentes de soni­dos, los cuales se ven y se oyen a medida que el espíritu va ascendiendo a los cinco planos dife­rentes. La Escritura Monduk Upanishad habla de és­tos como de los "cinco fuegos dentro de la cabeza".

Algunas escrituras prescriben la fijación de la mirada interna en la forma facial del Maestro, pa­ra hacer que la mente se estabilice; pero no se debe meditar en el rostro de carne y hueso del Maestro, sino en el resplandor que sale de él. La cara, especialmente los ojos y la frente es el sitio donde se desarrolla toda la actividad del espíritu del Maestro. Por tanto, el meditar en los ojos del Maestro prepara al alma para la albo­rada de la Divinidad, al absorber Su naturaleza. Esto es una gran ayuda para el devoto. Al pensar en el Maestro, se eleva en el Maestro mismo, por­que uno se convierte en lo que piensa.

La forma del santo brilla en plena refulgencia.
Los sabios y los videntes viven en el eterno
Uno y son dignos de que se medite sobre ellos.

Sarang M.5

La forma del Maestro es el acceso más próximo a la Divinidad, porque El es el Hijo de Dios. Quien no conoce al Hijo, no conoce al Padre. Por eso se di­ce:

Medita en la forma del Maestro. Toma Sus pala­bras como verdad absoluta;
Que las pisadas del Maestro resuenen en lo más recóndito de tu corazón.
El Maestro es el Infinito, inclínate ante El.
Gond M. 5

Piensa en los pies del Maestro con todo tu co­razón;
acordándote constantemente de Él cruzarás el océano de materia engañosa.
Gond M. 5

Además:
Recuerda dentro de tí al verdadero Maestro y con la lengua del pensamiento repita la palabra que el Maestro te ha dado. Con los ojos visualiza la forma del verdadero Maestro, y con los oídos escucha el sagrado Naam, el canto eterno. Quien está saturado por dentro y por fuera del Maestro verdadero, el Verbo personificado, gana un asiento de honor en Su presencia.

Nanak dice:
El Señor confiere este estado a aquel en quien derrama Su gracia;
pero pocos son los escogidos que reciben este don.
Gujri War M. 5

Aquí tenemos que estar en guardia. Si, pese a todo, el Maestro en cuya forma se medita no es real­mente espiritual, se llegará a ser como él es. Por tanto, este método es peligroso a menos que se esté seguro de la perfección del Maestro. Pero no se puede diferenciar a la persona correc­ta de la errónea. Por esto, es más seguro quese  fi­je su mirada interna en la luz que un Maestro ca­pacitado dará al momento de la iniciación. El Maestro verdadero poco a poco aparecerá interna­mente en Su propia forma radiante, después de al­guna práctica, cuya identidad se puede siempre verificar con la repetición de las palabras carga­das que el Maestro da. Unicamente un Maestro competente puede aparecer internamente durante la iniciación o despues en la medi­tación después de alguna práctica. Esto salva­rá a uno de cualquier decepción o tentación.

La tercera restricción se relaciona con la fa­cultad de la audición. Esta tiene que sintonizarse con la eterna melodía que está reverberando en lo todo y a través de lo todo. El sonido es la esencia del Señor.

El Maestro dice:
¡0h!, oídos míos, de prisa, de prisa; escuchad la verdad
por la que habéis sido apegados al cuerpo;
y es­cuchad la música eterna, el verdadero bani.
Ramkali M. 3

Esto no significa que tengamos que abandonar el uso de estos órganos en relación con el mundo ex­terno, pero tienen que entrenarse en tal forma, que lleguen a convertirse en positivos auxiliares para el desarrollo espiritual, proporcionando así doble beneficio. El propósito de este entrenamiento es hacer que la mente se centre y evitar que su substancia fluya innecesariamente hacia afuera. El primer proceso, simran, forma la base de la prác­tica espiritual y tiene que continuarse hasta que se alcance la meta. El segundo y tercero, dhyan y bhajan, siguen por sí solos, uno tras otro.

Retén la substancia mental para evitar que se escape por las nueve puertas del cuerpo;
Esto te dará acceso a la décima puerta que con­duce al verdadero hogar de tu Padre.
Ahí está resonando día y noche la música interminable;
Mediante gurmat, o sea las instrucciones de un Hombre-Dios,
esta música se hace internamente audible.
Majh M. 3

Wajhan Sahib dice:
¿Por qué dices que el esposo está ausente?
Si puedes verlo al cerrar las diez puertas;
entonces escucharás la música eterna sonar en tus oídos,
Y serás transformado de siervo en rey.
En el cuerpo hay melodías de todas clases,
y de modo encantador resuena el dulce canto.
¡Oh, Wajhan!, qué gran ventura la de aquél que escucha este canto.

Estas tres restricciones ayudan en sumo grado a la concentración. La primera, el "simran" de las palabras cargadas que da el Maestro, regresa a la mente del exterior y retira al espíritu hasta el asiento del alma en el cuerpo. Esta es la primera inmersión desde la circunferencia de nuestro ser hasta el centro de nuestro ser. Eso también nos sigue recordando el ideal más alto que tiene el ser humano ante sí, que es el conocimiento del propio ser y el conocimiento de Dios.

El segundo proceso, "dhyan", también ayuda a la concentración y sujeta al alma internamente. El ultimo proceso, "bhajan" o acto de escuchar la música espiritual dentro del ser humano, lleva al alma al Más Allá, a la fuente de donde emana la corriente de vida o principio del sonido del sa­grado Naam o canto eterno. Al igual que en una no­che muy obscura, cuando no se ve absolutamente na­da, ni se sabe lo que hay al frente o atrás, el ladrido de un perro en la distancia o el lejano destello de una luz de vela, nos ayudan a prose­guir el camino, así la melodía espiritual y la luz refulgente, ayudan en el sendero al alma en su solitario ascenso al verdadero hogar del Padre.

El largo proceso comienza con la concentración en el asiento del alma en el cuerpo, situado exactamente entre y detrás de las dos cejas, donde el simran mental se hace con entera sinceridad. Esto permite el retiro de la corriente del espíritu que actualmente está difundida en el cuerpo, y la concentra en el asiento del alma, con el resultado de que las limitaciones de la materia densa del cuer­po y del mundo externo quedan eliminadas. Una vez desencadenado el espíritu y liberado de la exis­tencia finita, tiene ahora ingreso en el Tercer Ojo, Til o Mukta Sweda, y desde ahí prosigue hacia adelante con la ayuda de un Hombre-Dios (Maestro Perfecto), a los planos internos más elevados.

Después de pasar confiadamente a través de los planos astrales, llega uno a Dasam Dwar, con Su sagrada fuente de néctar, el verdadero Amritsar, Mansarovar o Prag-Raj en el ser humano. Los musul­manes le llaman Hauz-i-Kausar. Un baño o bautizo en ella libera al espíritu de las cubiertas de los cuerpos astral y causal, y de la materia más fina. Este es el verdadero bautismo en las sagradas aguas de la inmortalidad.

El espíritu ahora liberado, está en pleno fulgor con una luz que brilla más que la de varios soles. Co­nociendo ahora la verdadera esencia, que no es otra que la del Señor Mismo, sigue adelante con la ayuda del Maestro en su forma radiante hasta que el alma llega a la región espiritual pura: Sach Khand, la Nueva Jerusalén, o Muqam-i-Haq, donde reside Sat Purush, el Sin Forma.

De ahí, con ayuda y por la gracia de éste último, el espíritu va pasando de etapa en etapa hasta el Sin Nombre. Este aspecto del ascenso del alma de los planos materiales a las regiones espiritu-materiales, y de ahí a regiones puramente espiritua­les, es el tema de la estrofa XXI del Jap-Ji. En ella, el Maestro ha tratado sobre las tres etapas que son las más importantes de las cinco etapas espirituales: Til (el punto de partida), Dasam Dwar y Sach Khand. Las cinco regiones también quedan explicadas al final del Jap-Ji.

Al individuo que tiene acceso al Til y se baña en el esplendor de la luminosa forma astral del

Maestro, se le llama sikh o discípulo del Maestro (un devoto). A medida que progresa en forma ascen­dente, alcanza Dasam Dwar, la tercera etapa del desarrollo y se convierte en Sadh (un alma disci­plinada). Cuando llega a la región de espíritu puro, se le da el calificativo de Sant o Santo. El que ha alcanzado la región espiritual más elevada del Sin Nombre, el Incognoscible y el Imperceptible se convierte en un Param Sant, el santo de los santos. Estas expresiones aparecen en el texto de los dichos de los Maestros. Son términos específi­cos con connotaciones significativas y no tienen nin­gún sentido para quienes se ocupan en prácticas externas de formas y formularios, o en el cumpli­miento de ritos y rituales u observancias de ayu­nos y vigilias, etc.

Guru Nanak fue un Santo del orden más alto, el Param Sant que alcanzó la región del Sin-Nombre, como queda evidenciado por Sus propias palabras.

Vuela por encima de la región de la Verdad, del Espíritu Puro,
luego alcanza la etapa del Incognoscible e Imperceptible.
Por encima de ésta está la morada de los Santos, y el humilde Nanak habita ahí.