Del libro "Jap Ji; El mensaje de Guru Nanak" escrito por Sant Kirpal Singh

 

La comunión con el Verbo, la música eterna, es posible con una vida de SIMRAN, o sea el constante recuerdo del Señor. No significa un simple rezo mecánico murmurado entre dientes, lo cual queda rechazado por el Maestro. Kabir afirmó:

Mientras al rosario se le da vueltas en las ma­nos y la lengua se mueve en la boca,
la mente está concentrada en los efectos externos. Esto no es Simran.

También dijo:

En una ocasión el rosario discutió conmigo di­ciendo:
¿Por qué, oh hombre, me mueves dándome vueltas y más vueltas?
Da vuelta tan sólo a la cuenta de tu mente y te presentaré al Dios que todo lo compenetra.

"No tomarás el nombre de Dios en vano", mas tómalo con algún propósito. El constante recuer­do del Señor no es  sino otra  forma de amor. Siempre piensas en aquel a quien profesas un gran amor.   Este constante pensar en el Señor es a lo que el Maestro nos exhorta, porque: "según como piensas llegas a ser".

El Simran es el recuerdo del Señor hecha men­talmente (con la lengua del pensamiento), con el corazón lleno de amor devoto concentrándolo en un centro particular del cuerpo. Es un acto de centrar el ser y ocupar la mente con la idea cons­tante del Señor, desechando toda idea del mundo objetivo. El trato constante con lo que nos rodea, ha tomado posesión de la mente en tal forma, que no podemos ni por un momento ahuyentar los pensa­mientos de los objetos externos. Desde la infancia ha estado funcionando esta práctica a pleno impul­so, y ahora se ha convertido en un habito corrien­te en nuestras vidas.

Se dice que el habito es la segunda naturaleza del hombre. En esta situación es un tanto difícil li­berar a la mente de los objetos mundanos. Cuanto más se trata de hacerlo, tanto más se inquieta y corre a meterse en asuntos mundanos de la vida. Ha formado una fuerte alianza con todo lo que es externo; siempre está pensando en lo que es ex­traño y exótico, y se deja arrastrar por el encan­to y la fascinación del mundo. Cualquier habito que hayamos formado, lo podemos también deshacer. Los pensamientos del mundo y de todo lo que es mundano son fuente de servidumbre a las cosas ex­ternas.

El Maestro también utiliza internamente los mis­mos medios que usa la madre naturaleza para atarnos al mundo externo, y El hace que la mente se centre en un sólo punto. El constante pensar en el Señor, morando mentalmente en el sagrado Naam (Verbo), retira a la mente del mundo y la fija en un só­lo lugar. Al principio es difícil concentrarse, ya que toma tiempo tener a la mente bajo control, pe­ro no hay por qué descorazonarse. Los fracasos son etapas en el camino que conduce al éxito, y cuando hay voluntad, se en­cuentra un camino. Debemos perseverar en el método hasta que la mente esté canalizada. La gloria de Naam (Verbo) siempre nos hace recordar el ideal más elevado de la vida humana. Hace que la mente se tranquilice y evita que se extravíe.

El constante recuerdo del Verbo o Naam aleja a la mente de los objetos externos y la con­centra en lo divino y en lo sobrenatural. Hace que la mente se centre en sí misma para que los deseos no logren sacarla y los cantos de sirena del mun­do pierdan toda su atracción mágica. A esta parte de la práctica le da Gurú Nanak el nombre técnico de "Simran". Ayuda además a retirar la corriente del espíritu hacia su asiento, situado en el gan­glio que se localiza entre y detrás de los ojos, llamado ajana chacra. A menos que la corriente del alma se retire completamente al centro focal, no es posible que siga ascendiendo. Este proceso de retirarla del cuerpo es algo absolutamente ne­cesario para el avance espiritual y se logra me­diante el simple método preliminar del Simran. Con la ayuda de un Maestro Gurmukh (Maestro perfecto) el proceso de inversión y análisis del propio ser, es bastante fácil y natural de practicar.

En el simran se  encuentran las semillas que ayudan a la evolución del alma. Nanak revela este secreto en los fragmentos finales de las estrofas V, VI y XXIII, y con toda amplitud en la estrofa XXXIII del Jap-Ji. Afortunado en verdad es el ser que siempre goza de las bendiciones de su Maestro.

El apego al mundo externo es el resultado del constante recuerdo, que hace que el hombre se ad­hiera a su ambiente mediante la ley de causa y efecto. Todas las impresiones  que se han inculca­do en nuestra mente deben rendir fruto a su debido tiempo, y nadie puede evitar el resultado. Son es­tas las impresionas que tenemos que anular con el constante recuerdo del Señor y haciendo que és­ta sea el principio imperante en nuestra vida. En la transmigración, al ser humano se le conduce a los ambientes a los que se siente principalmente ape­gado.  Cuando piensan continuamente en el Señor, nada puede atarlos a la materia, y así ya no tie­nen que renacer, pues se ha dicho:

Mediante el Simran del Señor, tú no pasas por el vientre.
Gauri Sukhmani M.5

El Simran hace que el individuo se introvierta y se concentre. Inevitablemente se obtienen poderes extraordinarios como resultado de la concentración de la mente en los planos internos, porque los po­deres extraordinarios

"Ridhis" y "Sidhis", son los esclavos del Naam.
Gauri M.5

Sin embargo, el Maestro previene al discípulo no usarlo, pues estos poderes lo llevan a afanes y ocupaciones externas y lo desvían de la meta que se ha fijado. El Simran proporciona el verda­dero conocimiento, meditaciones elevadas e inte­lecto infalible. Hace que uno pierda todo sentido de individualidad, pues esta se desvanece en el Ser Infinito, creando una especie de trance en es­tado de vigilia. Este estado de conciencia queda totalmente  fuera de  las palabras,  pero es una firme realidad, que va más allá del ámbito de la muerte. El dominio del ego se disipa, se retiran las corrientes del espíritu y el ser se eleva en un halo de luz. El cuerpo parece no ser nuestro. La propia vida, comparada con una vida más elevada puede asemejarse a una chispa con relación al sol.

El Simran  borra de la mente la suciedad de los pecados.
Gauri M.5

El Simran predispone a la persona para recibir y disfrutar el dulce néctar del sagrado Naam. Gurú Nanak explica esto con todo detalle esclareciéndolo en la estrofa XX del Jap-Ji.

Finalmente, por medio del Simran uno escucha la dulce música del
interminalbe canto del universo (el Verbo) y tiene experiencias inefables.
Gauri M.5

Tennyson, en su poema "The Ancient Sage" (El Anti­guo Sabio), describe lo que puede lograrse hasta con la repetición del propio nombre. También hace referencia a la vida grandiosa que logró alcanzar meditando en su propio nombre. Dice:

Desde mi niñez he caído con frecuencia en una especie de trance estando despierto. Me sobreviene por lo general al repetir en silencio mi propio nombre dos o tres veces, hasta que de pronto, por así decirlo, de la intensidad de la conciencia de la individualidad,  el individuo mismo pareciera disolverse y desvanercerse en el ser infinito; y este no es un estado confuso, sino el más claro de los claros, el más seguro de los seguros o absolu­tamente cierto y sabio, totalmente fuera del al­cance de las palabras, donde la muerte sea una imposibilidad casi risible y donde la pérdida de la personalidad (si es que así fuese) pareciera la única vida verdadera. Me avergüenzo de mi débil descripción.
Memorias de Hallivor Tennyson

Pedro el Grande, Zar de Rusia, también estaba acostumbrado a esta práctica de concentración. El perdía toda conciencia de su personalidad concen­trándose en su propio nombre. El Maestro, sin embargo, nos recomienda hacer el Simran del Señor y no él del propio nombre. La meditación en nuestro nombre nos lleva a una breve inmersión en nuestra misma conciencia, que es pequeña comparada con la más elevada conciencia de Dios.

Hay diversas formas de hacer Simran:

1) Cuando se hace con ayuda de la lengua, se le llama Baikhri,

2)  cuando se hace en la garganta tocando con la punta de la lengua el paladar, se le conoce como Madhama,

3)  cuando se hace en el ritmo del latido cardíaco, se le llama Pashhanti

4)  con el flujo de la respiración, se le llama Pa­ra.

El último método lo practican los yoguis;  sin embargo, los Maestros no lo recomiendan. Los tres primeros métodos tampoco dan concentración comple­ta, ya que la mayoría de las veces la mente está brincando mientras la repetición se hace mecánicamente. El Maestro, por tanto, recomienda el Simran mental que se hace con la lengua del pensamiento, denominado Zikre-i-Ruhi.

La practica del Simran comienza con la repeti­ción de los nombres objetivos del Señor, en forma lenta con el equilibrio mental. En el principio el proceso es objetivo, pero con el tiempo llega a ser subje­tivo y entonces el pensamiento constante del Señor continúa sin  cesar. El Maestro se refiere a esto cuando dice:

Oh, Nanak, un Gurmukh comienza la repetición del Naam sólo una vez.
Gauri Sukhmani M.5

Cuando la repetición empieza, el recuerdo se vuelve automática, contínua y constante y uno nun­ca olvida al Señor.

Oh, Kabir, hay un gran misterio en la repeti­ción
del nombre del Señor y uno debe tratar de descubrirlo:
Pues muchos repiten ese nombre sin fruto alguno,
pero otros con maravillosos resultados.

Shalok  Kabir

También dice el Maestro:

Todos repiten el nombre de Dios, pero nadie puede desentrañar Su misterio.
Sólo cosechamos su fruto si con el favor de un Hombre Dios queda inculcado en la mente.
Gauri M.3

Hagamos una pausa y resumamos lo que se ha dicho hasta ahora, antes de proseguir. De acuerdo con el Maestro, el propósito de la vida humana es el de lograr una completa unidad con el Señor. Sí, de­bemos reunirnos con la fuente de la que emanamos. ¿Pero, como podemos alcanzar esta meta?

La unión indiscutible con el Señor llega con el conocimiento de Su voluntad. Y Su voluntad se revela mediante la comunión con el sagrado Naam. Esto, a su vez, se logra mejor con una vida de Simran.

La eliminación del egoísmo, es decir la humildad, es el método que sirve para conocer Su voluntad median­te el Simran. Ya se ha mencionado que el Simran ayuda a retirar del cuerpo las corrientes del es­píritu. El ascenso del alma a planos espirituales más altos, sólo es posible cuando se ha logrado un retiro completo de estas corrientes. Para entender esto y el misterio del propio ser y del Universo, se requiere una breve explicación: