Escrito por Sant Kirpal Singh, marzo, 1973

Sant Kirpal Singh

­El amplio mundo es el hogar de nuestro Padre, y los diferentes países son las habitaciones en él. El hombre es lo más alto en toda la creación. Todos somos miembros de la familia de Dios. Los animales, los pájaros y los reptiles son los miembros más jóvenes de la familia de Dios. No es cuestión de Oriente u Occidente. Somos hijos de Dios, nacidos de la misma manera, con los mismos privilegios de Dios. Siendo el alma de la misma esencia que la de Dios, todos somos hermanos y hermanas en Dios; y el mismo poder al que adoramos es llamado por diferentes nombres.

El cuerpo humano es la oportunidad de oro para conocer a Dios. Él no puede ser conocido por los sentidos externos, la mente o el intelecto. Es el alma, que siendo de la misma esencia de Dios, la que puede conocer a Dios. Así que primero debemos conocernos a nosotros mismos, ya que solo lo mismo puede conocer lo similar.Por lo tanto, todos los filósofos y sabios de Oriente y Occidente dieron a conocer al hombre: ¡Conócete a ti mismo! en su propio idioma que prevalecía en ese momento. Los griegos dijeron “gnothi seauton”; los latinos dijeron ”nosce te ipsum”. Todos los demás también dijeron lo mismo: el conocimiento del propio ser precede al conocimiento de Dios.

El conocimiento del propio ser no se puede obtener a nivel de los sentimientos o emociones o sacando coclusiones. Todo esto está sujeto a errores. Ver está por encima de todo. Ver es creer.El verdadero conocimiento de uno mismo vendrá por el autoanálisis, o sea al elevarse por encima de la conciencia del cuerpo, cuya demostración se tiene a los pies de un Maestro.

Esta es la razón por la cual todos los antiguos Rishis pedían a los hijos que 'nacieran dos veces': un nacimiento en el cuerpo humano y el otro al elevarse al más allá. Una vez nacidos dos veces, les dieron el mantra Gayatri, que significa "elevarse por encima de los tres planos e identificarse con el sol". Los hijos recibieron demostraciones de eso y abrieron su Div Chakshu (tercer ojo) para ver la Luz del sol. Esta costumbre aún prevalece entre los hindúes: hacen que los hijos “nazcan dos veces” y se les da el mantra Gayatri, pero no se les dan las demostraciones por falta de personas prácticas. Cristo también enseñaba:” excepto que un hombre nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.El cuerpo humano es la casa maravillosa en la que vivimos. El cuerpo funciona mientras estemos en el cuerpo. Hay nueve aberturas en el mismo. No podemos huir de él. Estamos controlados en el cuerpo por algún poder. Cuando eso se retira, tenemos que dejar el cuerpo. Residimos en el cuerpo así como el Poder de Dios, que también reside en él. El cuerpo es el verdadero templo de Dios.

Los templos hindúes, las iglesias y otros lugares sagrados se hicieron según el modelo del cuerpo humano. Ahí se hacen referencia a los dos símbolos de Dios: es decir, 'Dios es Luz' y 'Dios es Nada' o la música de las esferas.

Residimos en el cuerpo y Dios también reside en él; ambos residen en el mismo cuerpo, pero el uno no habla con el otro. La mente es la que se interpone en nuestro camino, entre nosotros y Dios. El primer paso que debemos dar es controlar la mente, sin importar a qué escuela de pensamiento pertenezcamos. La mente no puede ser controlada por prácticas que involucran los sentidos externos y el intelecto; solo hay un remedio para controlar la mente, y ese está dentro de nosotros. El remedio es el verdadero néctar de Naam, el "agua de la vida", el "pan de la vida" que está dentro de nosotros; al probar el dulce elixir, la mente deja de lado los apegos externos.Tenemos que convertirnos en un Gurumukh. Solo tenemos que hacer lo que el Maestro nos dice. Cuando vivimos según Sus instrucciones al cien por ciento; progresaremos rápidamente. Siendo enraizados en él; llegaremos a ser lo que Él es. San Pablo dijo: Soy yo, pero no ahora yo, sino que Cristo vive en mí. Para lograr esta realización, se requiere una verdadera vida o un correcto modo de vivir. La verdad está por encima de todo, pero la verdadera vida todavía está por encima de la verdad. Hay que dejar todas las cosas mundanas que nos obstaculicen en el camino. Debemos vivir según lo que dice el Maestro orando: "¡Oh Dios! Llévanos de vuelta a casa y perdónanos! No somos capaces, no somos dignos de eso. Solo Tu Gracia nos puede guiar a Tu Casa.'